En 1981, la Torre Santa María era considerada el edificio más alto y seguro de Chile, con 110 metros de altura, 30 pisos y cuatro subterráneos. Sin embargo, el sábado 21 de marzo a las 10:15 a.m., una simple chispa en el piso 12 desató un incendio que cobró la vida de 11 personas.
La chispa encendió una planta libre impregnada de gas de neoprén, usado para pegar alfombras, y en solo dos minutos el fuego consumió el nivel. José Flores, sobreviviente, recordó: “Arrancamos una puerta, la lanzamos por la ventana y gateamos para evitar el humo. Colgándonos de las molduras, rompimos el vidrio del piso inferior y logramos descender”.
El camarógrafo Hernán Cortés, que cubría un evento en el hotel Sheraton, llegó primero y grabó la tragedia. “Vi cuando cayó el primer cuerpo, no pude seguir filmando”, relató. Su colega Juan Carlos Segovia, de TVN, observó incrédulo cómo los ventanales caían como guillotinas y testificó escenas desgarradoras.
El incendio se propagó rápidamente debido a fallas en las medidas de seguridad. La mayoría de las víctimas no conocía las vías de escape y algunas quedaron atrapadas en ascensores. Entre los fallecidos estaba Eduardo Rivas, voluntario de la 13ª Compañía de Bomberos de Santiago.
Bomberos enfrentó dificultades para controlar el fuego, ya que los espejos de agua del edificio impedían un buen acceso a las escalas telescópicas. Aun así, 200 voluntarios lograron extinguir las llamas cerca de las 13:30.
El incendio marcó un antes y un después en la normativa de seguridad en Chile, exigiendo redes secas y húmedas en edificios de más de siete pisos. La Torre Santa María estaba diseñada para tener una torre gemela, pero la crisis de 1981 paralizó el proyecto.